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Y luego un inesperado y caluroso día de verano te cruzas en un pueblo perdido del litoral con esto.
Un pastiche cutre, soberbio y simplista de una casa de estilo francés.
Columnatas, techado por si nieva, azotea, verjas de forja.
Incluso dos farolillos. Puaj.
Pocas cosas más asquerosas de ver y de procesar.
Y sin embargo no puedo dejar de empatizar con alguien que quería algo francés. |