Había que meter el tiempo en la obra, la imagen fija encontró el cambio de posición del espectador para meter el tiempo en ello. David Hockney mediante fotos lo hizo, reinterpretando el cubismo de un siglo atrás
La escultura, en este caso Jaume Plensa, encontró que el tiempo era un latir de la pieza mediante el color. De modo que dentro de ella la luz de su interior va cambiando de rojo, a azul, verde, amarillo...
Y cambiar y moverse se convierte en una incapacidad de ser, com si el ser informe fuera la única cualidad humana.
Sin belleza, sin solidez, sin no ser otra cosa que seres monstruosos.