|
Hace años conocí a un estudiante de arquitectura. Ambos trabajabamos de otra cosa para sobrevivir, él de camarero, yo de cocinero.
Me dijo ese día que el arte abstracto no era arte. Pamplinas, dijo. Sabía que yo pintaba.
Varios años después es arquitecto y fascista.
Ahora veo en sus estados de wasap el odio, la estupidez, el lado oscuro.
Ya no soy cocinero. |