El señor Kandinsky se había levantado raro. Tras pintar toda la noche se sumió en un sueño extraño y leve, vaporoso.
Al despertar estaba en su estudio, repantingado en el sofá, somnoliento pero muy descansado. Al ir al cuarto de baño a lavarse la cara descubiró que sus ojos eran líneas, su perfil una línea redondeada y su pelo puntos verdes en el aire. Se quedó encantado, que alegría al fin convertirse en uno de sus cuadros.
Ya no pintó más durante ese día, se dedicó a mirarse en espejo y cristales de toda la ciudad.
Este es uno de los retratos que le hicieron los meses siguientes. No éramos pocos los que queríamos pintarlo.
Técnica
Acuarela y tinta china sobre papel de 350 gramos
30×30 cm
código: Dic-24




